

PABLO ORDAZ 20 06 2010
Su casa olía a gato y su escritura, a libertad। Nunca se casó con nadie, salvo con esas dos pasiones suyas. Hace ya muchos años llegó a confesar: "Sin mis libros me sería imposible vivir y sin mis gatos, también. Los libros no aúllan ni los gatos proporcionan sabiduría, por eso no podría elegir. Preferiría entonces vivir sin mí". Y así fue: el día que los médicos le quisieron apartar de sus muchos gatos para preservar sus pulmones, sus amigos supieron que también lo estaban condenando a muerte.
PUBLICADO POR EL PAÍS.
NOTA COMPLETA.
No hay comentarios:
Publicar un comentario